Hay un oficio silencioso que consiste en aprender a mirar. Caminar entre las cosas del mundo como quien sigue una señal apenas visible: una frase oída al pasar, un gesto, una imagen que permanece cuando todo lo demás se disuelve. De ese ejercicio nacen a veces algunas palabras. No para poseer lo que nombran, sino para acompañar su paso. La mayor parte de lo que vivimos se pierde. Solo algunas líneas sobreviven al olvido. Quizá escribir sea eso: volver una y otra vez al mismo lugar, sabiendo que el lenguaje nunca lo dirá del todo.

Fotografía: Raphaël TILLIE